
Ventisca llegó a nuestras vidas en 2014 y durante dieciséis años fue el protagonista de cada rincón de la casa, saltando entre los muebles al anochecer y exigiendo con sus patadas que le rascáramos detrás de las orejas hasta quedarse dormida en nuestras manos. Su ritual de cada mañana era acercarse a la puerta del dormitorio para despertarnos con sus movimientos de nariz, como si supiera que sin ella no podíamos empezar el día, y nosotros nunca quisimos contradecirla. Se fue en 2030 dejando un silencio en la cocina donde le preparábamos sus verduras, en el sofá donde dormía estirada sin preocuparse por ocupar espacio de más, y en esos gestos cotidianos que ahora hacemos automáticamente aunque ya no esté para recibirlos.
Micaela Molina
24 de mayo de 2026
Los que amamos a los animales sabemos lo que cuesta despedirse.
Cecilia Correa
1 de abril de 2026
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Julieta Ibáñez
27 de octubre de 2025
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Gonzalo Vargas
7 de septiembre de 2025
Desde el primer momento se nota cuánto lo quisieron.
Carolina Aguilar
25 de enero de 2025
Descansa peludo. Fuiste muy amado.
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