
Ventisca llegó a nuestras vidas en 2015 con ese carácter juguetón que la caracterizaba, saltando por todos lados y exigiendo mimos a cualquier hora del día como si fuera lo más importante del mundo. Sos la que nos enseñaste a esperar cada atardecer en el patio para verte explorar entre las plantas, con esa curiosidad constante que te hacía investigar cada rincón como si fuera la primera vez. Cuando te fuiste en 2020 dejaste un silencio diferente en casa, ese hueco que ocupaba tu presencia inquieta y cálida, y hoy seguimos extrañando tu forma de pedir atención golpeando suavemente la puerta del cuarto.
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