
Ventisca tenía esa costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que nos íbamos, como si fuera seguro de que volvíamos, y cuando llegábamos a casa su alegría era tan sincera que nos hacía olvidar cualquier mal día. Vos sos de esos que se acostaban donde nosotros estábamos, migrando de habitación en habitación para estar cerca, y esa necesidad tuya de acompañarnos en todo se convirtió en parte de nuestros rituales más queridos. En 2022 nos dejaste un hueco que todavía duele cuando escuchamos un sonido parecido al tuyo o vemos el rincón donde dormías, porque la casa nunca fue la misma sin tus manías y tu presencia tranquila.
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