
Vito fue ese perro que nos esperaba cada tarde en la puerta con la cola moviéndose antes de que abriéramos, y que insistía en dormir con la cabeza apoyada en nuestras piernas sin importar dónde estuviéramos sentados. Durante once años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples: una caminata por la manzana, un trozo de pan tostado, o simplemente estar cerca nuestro en silencio mientras veíamos televisión. Dejó un vacío en la casa que no se llena, en esos momentos donde instintivamente miramos hacia el rincón donde dormía o esperamos escuchar sus pasos en el pasillo.
Javier Cabrera
9 de abril de 2026
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Facundo Acosta
4 de abril de 2025
Un abrazo. No hay palabras para este dolor.
Gonzalo Vargas
21 de diciembre de 2024
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Rodrigo Flores
18 de diciembre de 2024
Que en paz descanse. Se merecía todo lo bueno.
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