
Vito fue ese perro que nos esperaba cada tarde en la puerta con la cola a toda máquina, como si no nos hubiera visto en años aunque apenas nos hubiéramos ido unas horas al trabajo. Tenía la costumbre de meterse en la cama cuando llovía y quedarse ahí mirando por la ventana, y nosotros nunca tuvimos el corazón para echarlo aunque ocupara más lugar que todos juntos. Se fue dejando un silencio particular en la casa, ese que notás cuando falta alguien que respiraba y se movía junto a vos cada día de diez años.
Sé el primero en dejar un mensaje