
Vito fue ese perro que dormía en la puerta de la cocina esperando que alguien abriera la heladera, y que ladraba más fuerte cuanto más chiquito era el ruido que lo asustaba. Con esos catorce años que viviste entre nosotros, nos enseñaste que la felicidad estaba en las cosas simples: una caricia en el lomo, salir a pasear por la vereda de siempre, y estar cerca nuestro sin necesidad de que hablemos. Desde que te fuiste en 2019 seguimos encontrando pelos tuyos en los rincones de la casa, y cada vez que sucede se nos escapa una sonrisa porque sabemos que vos ya no estás pero tu presencia sigue caminando con nosotros por todos lados.
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