
Yuki llegó a nuestras vidas en 2009 y durante trece años fue esa presencia silenciosa que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos a casa, ronroneando como si hubiera pasado una eternidad desde que nos fuimos. Te gustaba acurrucarte en el regazo mientras leíamos o mirabas tele, y tenías esa costumbre de amasar con las patas cualquier tejido suave que encontraras, como si buscaras llevarte un pedacito de calma con vos. El rincón donde dormías junto a la ventana quedó vacío desde el día que te fuiste, y cada mañana cuando pasamos por ahí seguimos esperando verte asomada al sol como hacías todos los días de tu vida.
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