
Zeus fue nuestro pequeño filósofo de once años que pasaba las tardes observando por la ventana como si guardara secretos del mundo, y que nunca pidió más que estar cerca nuestro mientras leíamos o simplemente respirábamos en la misma habitación. Te acostumbraste a ronronear cada vez que alguien llegaba a casa, como si celebraras el milagro de que volviéramos, y tenías esa costumbre de dormir en los lugares más incómodos posibles solo porque alguien estaba ahí. Dejaste un silencio raro en las mañanas, esa ausencia de movimiento en los rincones que frecuentabas, y ahora cada objeto que tocabas se convierte en un recuerdo que duele pero que no queremos soltar.
Sé el primero en dejar un mensaje