
Zoe tenía esa capacidad especial de saber cuándo alguien en casa estaba triste y se acercaba sin pedirle permiso a nadie, apoyando su cabeza en las rodillas como si dijera que todo iba a estar bien. Vos eras la primera en la puerta cuando llegábamos, dando saltitos y gimoteando de alegría, y luego te ibas directa a tu lugar en el sofá como si nada, pero con ese brillo en los ojos que nos hacía reír todos los días. Se fue en 2024 dejando un silencio raro en casa, ese tipo de silencio que te duele porque falta el sonido de tus patas en las baldosas y tu respiración tranquila mientras dormías a nuestro lado.
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