
Zoe tenía esa costumbre de seguirnos por toda la casa como si fuera nuestra sombra, y los días que nos tocaba trabajar desde casa eran sus favoritos porque podía apoyar la cabeza en nuestras piernas mientras descansaba. Te acordás de cómo se ponía a jugar con la pelota a las cinco de la tarde sin falta, como si tuviera un reloj interno, y cómo nos hacía reír con esos saltos descontrolados que daba cuando nos veía llegar por la puerta. Dejaste un silencio raro en la casa que todavía no sabemos cómo llenar, Zoe, porque once años de rutinas compartidas, de caricias sin pedir nada a cambio y de esa forma tan tuya de estar presente en lo cotidiano no se borran tan fácil.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →